Enero de nieve y hielo
caen rojas gotas de sangre
y ya no, no se ve el cielo
el soldado argumenta
el porqué de su lucha
con cada latido cuenta
el porqué de su lucha
no quedan resquicios de humanidad
sólo restan los días, antes del fin
es una sucesión de ataques sinfín
no quedó certidumbre ante tal adversidad
abrigado, recogido en su trinchera
sólo con sus recuerdos, cuenta
en una tumba, en esa cruenta ribera
esas manos asidas a un fusil
escapan las balas con su nombre
escupen muerte y no queda hombre
que no sangre, es una rama fútil
De un árbol astillado
de una colina apestada
de una lagrima apresada
de un monte abrasado.
Enero de nieve y hielo
caen rojas gotas de sangre
y ya no, no se ve el cielo
Construir un castillo con una arena
hecha de pequeños anhelos
desalar el mar para ser velos
en su rostro,desaparezca, toda pena
En el frente oscurece
en la frente yagas
hagas cuanto hagas
aquella foto desaparece.
Una niña en brazos, mece
con la mirada a mil millas
como pequeñas ardillas
guarda balas y rece
dónde están los ojos que vislumbran, dónde
la sombra, la herida, las manos que nadie
nadie ve y dónde se halla, dónde se esconde
la guadaña herida de miedo
juega su extraño ritual, de sangre, de ácido
donde los ojos clavados de hielo
escupen vinagre en la heridas, dónde han ido.
Las ánimas de la compaña
han hecho de temor una montaña
al abrigo de la noche
para ponerle broche.
Descabalgado, destrozado, con un poco de suerte
huir de quien pinta en los rostros desolación
entre estertores, escapará otra ensoñación
mientras espera el beso de la muerte.
Enero de nieve y hielo
caen gotas de sangre
y ya no, no se ve el cielo.
















