Puedes rasgar el éter
con el triste alarido
de tu infeliz carcasa
hueca de mediocridad
puedes y lo eliges.
Puedes apestar
con tu hedor a odio
el día, la casa y hasta destruir vida puedes,
puedes y lo eliges.
Es posible arrancar
la juventud a tiras
si me clavas calumnias
como puñales
con cruel odio y atroz cinismo
un día tras otro
manchando
destruyendo con tu pueril envidia
con hipócritas injurias y cretinas calumnias.
Con berridos y odio
con vuestro aberrante
espantoso odio.
Puedes clavar espinas de cianuro
en las mentes
con palabras afiladas como cuchillos
con el filo apestando a podrida mentira.
Plastas
pegadas como lapas
como babosas
dejando un rastro repugnante
de inquina y destrucción.
Puedes romper las estrellas
con unos ojos encendidos
gritando tu miseria.
Puedes y lo eliges.
Una luz apagada en tu infantil
pueril odio.
En la oquedad de vuestra cabeza
reverberan cuatro sandeces
para aliviar vuestro interminable
vacío.
Odio redentor para curar
las heridas que otros
les hicieron.
De una misérrima mente
fluye una riada de incoherencias
en las arenas movedizas
de vuestras patrañas
os hundís.
Mostrándole al mundo
cuán profundo pueden caer
para curar las heridas
que otros les hicieron.
Hablan de paz quienes
raptan versos y los manchan
de estúpida soberbia
quienes vejan y creen humillar quienes saquean y roban quienes gritan y odian La puta y su execrable santidad hablan de paz.
Pueden quebrar los cielos
para curar sus heridas
lamentos
heridas
heridas
que otros les hicieron.
Con palabras de odio
alaridos desde una poltrona
exquisita de antropófagos
caníbales.
En un rito de hedor y muerte.
Apestáis a pena y a dolor.
Una trampa mentirosa
una pútrida copa
borracha de infructuoso odio
aflora en quien desconoce el silencio
sólo se escucha el terrible ruido del eco en su mente.
Mientras se hacen trampas al solitario.
La desconfianza florece
la inseguridad de su patético discurso
refleja su miseria
destruye, devasta, arruina
en un vano intento de curar
las heridas que otros les hicieron.



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