Sisados a un verano, ocasos de soles tímidos, inundando las nubes de luz.
Gigantes de metal soplados por las montañas, giran en las manos de niños endiablados.
Quedan lejos las llanuras de soledad inundadas de sangre, a mil millas los cielos de tormenta.
Atardecer eterno en un segundo, paz anhelada, cabizbajas flores de crepúsculo estival
Infinito bucle de belleza sin fin, los tronos derretidos en el algodón, flecos para los vestidos.
Rayos c en las puertas de una noche de lírica seductora, trovador de media noche
Le canta Tannhäuser a una cortesana con un bastón, los sueños que nunca alcanzo
Reverdeciendo de amor, refulgente aroma a libertad, le regalo al obispo su báculo
Por un segundo de crepuscular pasión, bajo la capilla embrujada.
Por un instante junto a los labios enamorados, de una sobrina herida
con las espinas de su amor.
















