En aquella tasca
en las paredes húmedas, en las mesas de vieja madera,
dos quejumbrosas sombras despedazan palabras
primero en silencio luego a puro desgarro
desde esa oscura y golpeada voz
las palabras caen como balas encima del mantel
aún hay ecos del último disparo
el soldado discute al poeta
el porqué de su lucha
y el poeta le ataca con su última guerra,
en la que los cadáveres desnudos de los niños aún tienen una mueca risueña
el poeta se enciende un cigarro con el cañón de la beretta del soldado aún caliente
el poeta bebe su última oda y se bebe las jarras colmadas de versos
a la vida, le dice, ¡a mi vida!, le grita
el soldado ríe con grandes y estruendosas carcajadas
se miran a los ojos fijamente y entonces el poeta le grita
¡ por un segundo en sus labios
lucharía una vida
por un instante en sus brazos
por un momento en su boca!
Entonces brindan
ríe otro sorbo el quebrado soldado y el roto poeta
El poeta y el soldado, el soñador y el guerrero
sangran alegría y amor
entre las barricadas de la desesperanza, entre abrazos
sangran deseo y lucha
emoción y razón, sangran
ebrios de vida
ya se han bebido todas sus lágrimas
ya no quedan dulces recuerdos ni balas ni estrofas
sólo humo y éter escarlata
sólo ese agrio sabor en la boca y en el fusil

















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