El silencio de las palabras robadas

Me llamaban el poeta de las horas inquietas, el indomable o Vicen. Me gustaba tejer con palabras sueños, anhelos y pasiones. Adoraba tararear tu nombre o dejarme seducir, pero sobre todo me encantaba describir la belleza y cuanto amo la vida.

Mis versos nacían de mi pasión, del desgarro y el amor, de mis siete vidas siete, de mi sangre, de mis noches en vela, de la terrible indignación y de la más excitante alegría, de las tardes en el jubilo del parque, de mis cálidos y amables julios pero también de fríos y desesperantes eneros, de mis amaneceres húmedos de rocío y soledad, de mis amaneceres juntos impregnados de luz y felicidad.

Pero un día mis palabras fueron robadas. Otros labios recitaron mis versos, declamaron mis frases y reclamaron su vuelo como propio. Mis versos mancillados, mis sílabas fueron manchadas por la inmunda e iletrada peste, por la terca y estúpida ralea, por los necios y cobardes de la peor calaña. Fueron copiados, plagiados y ensuciados con su repugnante hedor, con su nimio entendimiento. Rotos, quebrados los versos, incrustando entre mis frases su nula imaginación, estropeando cada párrafo, destruyendo las ideas…

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Cuando protesté nadie me escuchó, cuando grité, no me escucharon. Cuando alcé mi verdad como un faro, entre las tinieblas de sus mentiras ellos lanzaron sombras sobre mí. Me acusaron de todo y de nada, de crímenes que nunca cometí, de pecados que jamás imaginé, así destruyeron todos los lazos, cada amistad, cada relación. Cada calumnia era un clavo en mi piel, cada injuria un peso en mi espalda. No contentos con despojarme de mi alma escrita, quisieron borrar también al hombre. Me acosaron a base de gritos e insultos hasta que no pude más y solo quería dejar de luchar y en ese abismo, fui encerrado.

El hospital, la séptima olía a tristeza antigua. Allí, los días no eran días, solo un ciclo de luces y sombras que carecía de promesas. Cuando salí, llevaba en mis manos temblorosas los restos de lo que un día fui, como un cuenco roto que aún conserva el agua de la lluvia.

Pasaron diez años de reconstrucción. Diez años en los que aprendí a levantar puentes entre las ruinas, a recoger las cenizas de mi voz y convertirlas de nuevo en poesía. Y cuando al fin logré volar otra vez, cuando mi nombre volvió a brillar como el reflejo del sol en el agua, las mismas sombras regresaron. Otra vez las calumnias, otra vez el acoso, otra vez las mil formas de intentar borrarme.Pero esta vez era distinto. Esta vez, aunque la herida dolía, aunque las noches eran largas y el vacío en mi boca seguía intacto, sin el roce humano que me salvara de la menos buscada y más cruel soledad, me mantuve en pie. Aprendí que las cicatrices no eran cadenas, sino mapas de lo que había sobrevivido.

Ellos podían robarme todo, menos mi esencia. Porque las palabras robadas se desmoronan, pero las palabras nacidas del alma son inmortales.

Así el espacio y mi queridísimo amigo, el Tiempo con un empujoncito les puso en su sitio. Para que el mundo entero vea, para que el mundo entero lea y comprenda

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Acerca de ViZ3n

El poeta de la horas inquietas. Gato Cosmonauta, lobo de mar, observando sueños en cordilleras de interrogaciones. Coordinador del caos.

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