Ver con disuelto iris
el reflejo singular
de una flor distante
Extrañar un camino
jamás transitado
jamás, nunca jamás
andado, vagar
con un traje de armiño
en un reino, jamás
jamás, nunca jamás
pisado
Ver con acuoso iris
copas de cristales rotos
enredadas entre enebro
ebrias recitando deseos
Los versos caen por este abismo
donde hay un cálido cuerpo, tendido
encelado de cenicientas nubes, suspendido
palideciendo como, aquellas
eburneas cumbres
como si cayera eternamente
entre sordos susurros
Sus sílabas son
alas de una pamela
de cálidos rojos
encendiendo una vela
prendida de mi ojos
Recorrer aquella senda esquiva, curvada
con el esqueleto quebrado
restos que jamás
nunca jamás fueron
mas allá de jirones de limón y sal.
















