Con un parentesco que no es
con unas palabras que no son
con una recua de mamarrachos
aún hay quien de sus labios bebe verdad.
Sentados a la orilla de un martes
cómo pedazos de hielo clavados, partes
con gotas de sangre entre la uñas,
son las horas lentas, como cuñas
Desaparecen la paz y el sosiego
son los rastros de un odio ciego
que no mira, que no quiere ver
que no siente, que no quiere ser
Extraña los rasgos de una mano
que no es suya, y encuentra amparo
en unas líneas que no son suyas
que no son suyas, que no son suyas
Copia unas emociones ajenas
arrasando con calma unas venas
con inmaculadas garras de pedernal
fría, deja a su paso un paisaje desolador
de muerte y destrucción,
destrucción y desolación
desolación y extraña se mece
maraña de odio, se muestra
Deambula con la boca llena de sangre
escupiendo un odio estúpido, una excusa
extraña, y se viste con una ropa ajena
y hasta a las mañanas apena.
Con un parentesco que no es
con unas palabras que no son
con una recua de mamarrachos
aún hay quien de sus labios bebe verdad
Aún hay quien justifica cuanto más critica
con un desquiciado y despótico cinismo
susurrando con odio un abismo.
















