La timidez de los árboles

Por el destino errante
De aquella fugaz estrella,
camino con el sombrero
de ancha ala, vencido sobre mi deseo,
y una gota de rocío
y una sonrisa
tímida.
Es polvo engarzado
de tus ojos de luna, la esquiva
estrella, brillando en tu iris.

Verdes ramas y una nimia señal
de tus dedos, perdida
distante, delicada, tendida.

Gastar energía en no ver
cuando nunca, jamás nos miramos
tallada en las líneas de nuestras vidas
una lejana despedida, que no fue
que no terminó de ser.

Saludar un juego, futuro
como la timidez de los árboles
que no osan tocarse, que no osan
mirar, ni ver, ni son dueños de sus ramas
cuando bailan en los brazos de Céfiro
próximos y lejanos
bizarros y temerosos

Un valle espeso de bosques
fluye una senda esquiva, irisada
con los pasitos de un hada luminosa
frágil, besos, frágil
se tiende en su lecho
gráciles, dulces
los verbos.

Suaves las manos
acarician mis miradas,
livianas
como el dulce tintineo de su voz
susurra, desde la distancia, una lengua extraña
y sus palabras se pierden entre las copas de los árboles
con su mecer velar
y sus labios oran en un lenguaje indescifrable
como sutiles versos
y sus palabras se tienden sobre las hojas impresas
con su cálido aroma
y sus labios moran una guarida exquisita
con delicados rincones

Las llamas de mi psique, hoy, se nutren con el polen
de sus dalias
y vuelvo sobre mis pasos para serenarte alegría
Trazo con los brazos
danzas extrañas en las ramas de sus árboles,
con la mirada mil metros, desde tus pasos
hasta perdida entre el éter
aquella delgada linea roja
donde guardo cada posición
soñando tus colinas.

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Acerca de ViZ3n

El poeta de la horas inquietas. Gato Cosmonauta, lobo de mar, observando sueños en cordilleras de interrogaciones. Coordinador del caos.

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