Apagar los enrojecidos ojos
cerrar las añejas puertas
Escuchar ese bello bajorrelieve que teje
las mañanas
con una aguja triste de hielo
Una maraña confusa, de cielo y marfil
Cantar una letanía, de cuero y hierro
Contar una historia infinita
Subastada condena, vendida
por un puñado de misérrima pena
Blandir una pregunta
Colmar los vasos, llenos de interrogantes
Y ver la sangre correr, entre los rincones
De la psique,
notar una incisión
De una nota esquiva,
de aquella canción desafinada
















