¿Por qué no, quebrar los sentidos
Con cada esquiva mirada?
¿Por qué no, rasgar los pavorosos temores
Con cada insubordinada palabra?
¿Por qué no, dejarnos llevar
Al otro lado del proceloso mar?
¿Por qué no, aullar a Selene
Con cada haz, reflejado?
¿Por qué no, abrir los helados cerrojos
De cada añejo postigo?
¿Por qué no, dejar de pesar
Los plomizos miedos?
¿Por qué no, serenar las noches
Con tu felina mirada?
¿Por qué no, susurrar tu sutil nombre
En cada dulce mañana?
¿por qué no, ir de la mano
a aquel paisaje que pintas
con trémulas manos?
y dejarnos llevar lejos
donde se esconde, toda luz
y aguarda dormida, toda luz
en aquel paisaje, aguarda dormida
olvidar los lastres de ese barco
que navega a la deriva
dejar olvidadas, las pesadas ropas,
en aquel paisaje
y quemar los enardecidos cuerpos,
en aquel paisaje,
que pintas,
con trémulas manos.
















