Zahorís con rayos de luna templan columnas de humo
Meridional plaza sin nombre, susúrrame
El canto de las ramas mecidas de primavera
Mueven cometas de acero con el viento de la memoria
Menguan horizonte colapsando los pasos de los cipreses
Inundados de rocas en el mar de la tranquilidad
Una gruta para navegar dunas en los anillos de vinos
De cian y cielo, de hielo arcilla
Desean las puertas giratorias
Detener la respiración artificial de Gaia
Envejecen los aromas de roble
Palpita metal un bidón de elástica quietud
Arde esperanza
Sus llamas
Regalan tristeza
El perro de un vagabundo
Lame uralita y seduce un maullido
Perseo en las tardes besa
las olas de las rocas
playas artificiales y
arrecifes de metal
inventan corales para adornar
las manos sordas de mudas conciencias
















