El humo de su tienda sueña un aullido solitario
A los pies de un abismo,
invitado por su santidad
Un susurro despierta sus alas
Pero el demacrado esbirro
Amenaza con sus dagas
El descenso al inframundo con las monedas
Cobradas por su serpiente, sumiso y excitado
Esgrime su cuartel un estercolero
Piedras y tacones de aguja
Agujas, gritos, sicarios y sumisión
Un susurro despierta sus alas
Perene pena clavada en las muñecas
Dejando sus sentidos en la mesilla
Sus ojos en un rincón
Un susurro clama sus alas
La identidad suplantada
Siembra odio reclamando amor
Sus sabanas sangre
Un susurro clama sus alas.
















