En el camino de los nigromantes se describen los círculos de fuego
Han clavado un regalo de egocentrismo para la mano que mece la luna
Para un muñeco tuerto tardo de necesidad, unas gotas de lágrima
Se vuelven pesadas las coronas para los muñecos de barro
Llorando esqueletos en el día de Ra, viste el amanecer un nido de hielo
En los barrotes de sus ojos se ciernen, los trémulos anhelos de los
Tristes buitres, buscando los restos de la piel exquisita
Piel exquisita, pálida inmutable esquela
Narrando los viajes de un susurro, pérfido y maldito
La llamada de los ángeles se desvanece
En el ocaso de un destino clavado de colinas azules,
Construyen su envidia con odio, injurias y gritos, sueñan
Lápidas con el nombre de los impíos
Para serenar sus psicóticos anhelos
El rastro de un cometa describe un tirabuzón
Acaricia su menguante caballera, reducida,
Diminuta caspa, perdida esencia hecha de hedor
En la entrada de su averno cuelgan las cabezas
De las demacradas hiedras.
















