En el resuello de una llama aparece el hálito de una espiga doblando el tiempo
Tiempo de cicatrices, de santas, de brujas, de inquisidores, de sinrazón y lujuría
Tiempo de cárcel, tiempo de esposas, tiempo de muñecas cenando sus cuerpos
Entre los días perdidos se encuentran las voces de quien derramó su vida
Ahogando su miedo con el uniforme de la piedad.
Venerar la sangre deambulando errante en el valle de los olivos
Exonerar su culpa ondeando la bandera de las balas
Anegar los sentidos con alambre de espino, leer los labios
De la concentrada ira, denostando el ideario en un cubo de egos
Ahogando su miedo con el uniforme de la confusión.
Acero metálica redención, sirocos y quioscos parlantes
Titulan con negrita y sedición la esquela de una tierra subastada
Sonrientes alfombras rojas, hechas con cristales para soportar su autoridad
Donan tus derechos, rectos y piadosos gobiernos borran identidades con la necesidad
Ahogando su miedo con el pasaporte de una identidad perdida en un gesto
Desfigurado el cielo se venden las estelas de las nubes
En los parques florecen gotas de hielo, congelando los labios
En las calles los pasos son susurros de sombras
Las almas errantes buscan un beso desposeído
Ahogando su miedo en un esquina que nunca llegan a doblar.
















