En la pesadilla de un erizo cabalgan tres hadas
Convulso pulso herido sin herradura, afilan los labios
En el valle de los espinos se regala el rastro de un ogro
Decrépitos esbirros, decadentes y burgueses
buscan un excusa para enajenar su desdicha
Estrechan sus mieles las alas de las flores,
le sonríen las pistolas al asesino
Bostezan los herejes la monserga de un mundo árido
De un gobernador disparando el mundo desde su torre
Con las muñecas desencajadas y la sonrisa de mona lisa
Decidme ¿dónde empiezan las personas y terminan las tumbas?
Susurradme ¿en qué lugar se perdió la cordura?
Aborrece al diferente, odia su sombra y engendra
Para serenar su miedo, un jardín de lluvia marchita.
















