Doblar cañones sobre sus iracundos abrazos
Ruidos blancos en las metálicas estelas en los
Blancos abismos en tus derrochados anhelos
Disgustado pan, enlutado, malgastado exilio
Ocres añejos en sus parsimoniosos pasos
Besa los anillos, arrodíllate, besa las manos de los mansos
En su destierro, en el éter enclaustrado, arrodíllate
Los desposeídos roban oro y piden ayuda para darse
festines de vergüenza
Suaves, tenues, golpean las palabras de quienes llenan sus mesas
Con un efervescente teatro, burbujeante de felicidad
Marionetas encorvadas gritan su gula desde los
Excitados tronos saludando con majestuoso cinismo
Dinámica parodia de la errante bondad
en el rastro de una estrella vagabunda.
















