Le hablan sus manos,
Trémulas en el destierro.
Al tornadizo cielo
Le duelen sus manos,
Cálidas en tu regazo.
Alejándose en unas vías teñidas
De dulces caramelos.
Vestidas de viñas,
Los sabores de la lluvia
De dulces melodías
Con sus largas mañanas
Donde llama el amanecer
Al infinito beso,
Al eterno castigo
De su tornadizo cielo.
Le duelen sus manos
A la tierra herida
Le hablan su árido legado
A la madre dolida
Le cuentan las gárgolas
Su lluvia ácida, agonizante
Le sueñan sus manos
Le duelen sus ojos
En el andén de una cima
Coronada de tristeza
Le duelen sus manos.
















