Encontraron sus ojos, buscando el esquivo horizonte
Cruzaron sus almas, en las llamas de algarabía
Cuando los perseguían, hielo y fuego, en las fuentes, de un río rojo
Encontraron nenúfares, debatiendo distopías
En las aguas de la incertidumbre, lejos se mezclaron sus sombras
En las vías dobladas, de trenes sin destino, rebosando sonrisas
Con vagones llenos de soñadores, cerca de una ciudad sin nombre,
Junto al horizonte. Encontraron sus manos, para cabalgar rocas de sal,
para medir la distancia entre sus palabras y sus sentidos
Encontraron en un edén de versos impíos, éter
Para acariciar rocas de mar con sus manos desnudas,
con su alma desnuda buscaron mil respuestas
En las blancas barbas de los sabios
a merced del viento de los pecios.
En un jardín lleno de aromas, inundado de nenúfares
cuando el cielo era el camino de sus gastados labios,
cansados de besar el amanecer,
cuando las noches llovían bajo sus ojos,
hallaron un lecho para esbozar revoluciones.
















