Hacen cruces en el esqueleto de una sonrisa
Acariciando la puerta de la provocación
Las oxidadas bisagras claman perdón
Las esposas del carcelero, cercenan los vientos
Besan los extintos labios de un fósil
Para sumergir las horas en la horca del tiempo
Desterrando los días, demacrados lodos,
Eternas arenas descontando el tiempo
En los restos de su esquiva sombra
Apoda sus miedos con cien nombres
en la tintineante mirada de una fuente
Llorando una estatua, muerden sus plegarias
















