Sonaban tres gotas en un lago, amenazado de barcas
Desmayaban los halos de santos, pescadores de hombres
Las crines de los arboles se tejen en el viento de una semilla
Soñaban tres besos en los labios de su infancia
Entre las sabanas de su lecho se mecían tres hadas
Se agotaba el aro de girar, en el bastón de una anciana
Serenaban las dunas los vientos de su pasión con castillos de arena
En una jaima nómada amaban sus ojos los vientos del sur
Los aros de los corsarios cristalizan en cofres cargados de anhelos
















