Las misérrimos fuegos de vacua carne
Prenden incienso,
Petrifica fósiles de veinte años
Lana de borregos
Enervadas ovejas comen, engreída maleza
Razones segadas con las guadañas
Seda para su nuevo traje
Bienaventurados los necios
suyos serán los sepulcros de mármol
Estrepito torna calma
Marejada sobre sus labios
Regresan las manos de los olivos
Para tejer con lana
de esquiladas conciencias
Reaccionarios enlutados
pagan plañideras
desean drenar
su esquelética consciencia
Bienaventurados los burros
ellos tirarán del carro del rey
Las mujeres de los mirlos cantan felices
entre rejas de exquisito marfil
Nanas para dormir sus lechos,
de caoba y nieve
La cabeza de un turco se cambia
por una vida por maltrecha,
desquiciada
Estiradas barbillas, abren éter a pedazos,
para encontrar la pena del verdugo
En los planos de un laberinto
Custodiado por un fausto
Frondosas y esquivas manos escriben
con restos de incienso, incineradas almas
Guardan los secretos en el humo del incienso
Bienaventurados los devotos porque ellos
Heredarán los deshechos del capital
















