El barco de un naufrago repleto de animales
Es abordado los días pares por un ejército de castañuelas
Tocan felices los santos las faldas de las catedrales
Escondidas bajo las mesas de roble
Sueñan las campanas tocar a misa de doce
Santos homicidas, bendecidos
la meretriz, el esclavo y sus miradas de soslayo
dibujan ogros en las fiestas de guardar.
Construyen mundos de cristal
para reflejar su endémica saña
La corona de espinas clavada en el subastado sexo
regala a su pareja dientes de marfil para morder su barro
Refulgente y mediocre.
En los codos de los esclavos nacen cadenas para atarse a sus amos.
Mientras entre las ebrias noches se destruyen las palabras
hechas para construir revoluciones, las señales
Siguen sonando en un debatir constante
Siguen las casas derrumbándose sobre los pilares del feudalismo
Siguen los niños sin horizontes,
siguen los mirlos cantando.
















