En la calle de los ahorcados corren arroyos de hiel.
Presos de sus pasiones, encadenados al odio,
Cantan su melancolía, los cuervos de la vidriera
En el hedor delirante ornamentos labrados de miedo
Perdidos en una cuneta, donde los caminos se hunden,
Pidiéndole al mundo
Un manto de terciopelo
Negro de serenidad
Perdidos en una huida, donde la vida se iza, en un segundo,
se erige una esfinge, deudora de sus pasiones
Mampostería cristalina, acuarelas
En el zumbido de una calesa
Pálidas manos soportando
Su trémula soberbia
Perdidos en una cuneta
Mampostería cristalina
Desvanecidos sentidos
Perdidos en una cuneta
Pálidos pasos, gélido alarido
Enojada psique, en un destierro de diamante
La tierra de los caciques se riega con sangre desposeída
Perdidos en una cuneta
















