Los sedosos dedos de marfil y café
Arrancaron la piel de una nota congelada
el cuello sin fe se tendió en el rocío
A contemplar su cuerpo
Las nubes con los ojos teñidos
Deseo, lujuria
Tendidas en el paramo de los
Descontentos
se cubrió de rocío
Para marcar un camino
Con los deseos que un día deshecho
Perenne lujuria exquisita ternura
Resucitado desmonto la muralla
Construida para mantener seguro
al sacerdote de secretos
















