Suaves dédalos
Crueles musas
Tocan los sueños
Manchan los días
Marchitan las tardes
Las musas nadan en un agua liviana
ligera como sus mañanas
espesas como su red
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Marchita las amapolas
turbio capricho
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Alegres psiques
juegan impías
vuelan versículos
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Iluminan los nidos
De los hipnóticos rezos
nacen espíritus sumisos
maleables jaulas
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Claman un suspiro
recóndito nicho
de un ladrido peregrino
Ayer vi un saludo feliz
en una sonrisa dibujada
en un suspiro de algarabía
quizás soñaba
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Los tenues reflejos
nadan en un nenúfar de hielo
al sur del huracán
Luce multitud en un páramo
habitado por el miedo
vendido terror
Esperan los infanticidas
un caramelo de venganza
sobre su niñez
Vislumbra su cuerpo
Desmembrar su cerebro
venderlo a pedazos
Retales en un callejón
cerrado al mundo
sin salida sin entrada
Con vistas al horizonte
congelado de rímel
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escribo un glaciar
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Un árbol caído
recuerda sus ramas
hinchadas de alas
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Secretos de arcanos
no hay azar donde
exhiben sus fosilizadas
alas
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Detestan su reflejo
los monstruos de cera y marfil
Talláis odio en cada gesto
vuelto en contra
su manida dignidad
No queda museo
donde alardear
de su eterna cantinela
Se desvanecen
las sombras en un temblor
goteando deseo.
Las cometas enamoran
fuego para arder
en las costillas de gasolina
















