En los castillos encantados duermen vampiros abrazados a sus estacas
Empalan hombres en los valles perdidos, en las montañas sin nombre
Aplastan la verdad por el anhelo asesino de un funambulesco teatro
En el bosque camina la enajenada empujando su furia contra su frustración
De una meretriz monja y de sus drugos malditos besando con sus puños
Encierran los fingidos gestos, enclaustran su miedo, abrazan la paz
Violentos, desquiciados, enajenados en la búsqueda de una ideología
Crucificada, resucitada, vomito de ratas deshecho de necios
No llegan las esposas del verdugo a besar sus muñecas
no hay mapas ni camino, no hay destino, descomposición
para rostros desencajados para seducir a la parca
Y son avalanchas de cadáveres para enterrar su miedo
Las mujeres del verdugo duermen con la cartera entre las piernas
Y son avalanchas de cadáveres para enterrar su miedo
Los hijos del dorado tienen orgasmos con los labios manchados de sangre
Y son avalanchas de cadáveres para enterrar su miedo
Latidos de metal atraviesan las almas a la deriva
Y son avalanchas de cadáveres para enterrar su miedo
















