El silencio espeso de una mente que vaga errante en el precipicio de los necios.
Anuncia la última oferta de su maltrecha dignidad, consentida esquina prostituida mente.
Los ninots se quemaron, destino maltrecho, el lecho vació como su empatía vacía,
se lleno de pena, caretas de cien colores para quien carece de espejos.
Su cabeza perdida, intolerante con la verdad, se planta en un bosque y lo destruye.
Su psique maltrecha, curada con envidia y los dados, se tiran en una mesa y la destruyen.
Azar en una mano, un cubo de basura, en la otra una biblia alquimista,
sucia mentira en tu boca, destruidos labios.
Felaciones para tu mente, solos se engañan, solos se mienten, cínico circo de idiotas.
Dolido por el cuero de tu piel que azota tus trasnochadas ideas, abrochadas a conveniencia.
Camisa voluble, éter en tus cimientos, abrochados a conveniencia a tus primarios impulsos
Brotes desangrados para uñas que arrancan pieles, abrigos de piel humana.
Los reyes del espanto gritan espantapájaros, los príncipes de las aceras queman
personas. Los convierten en aire de ceniza, de viento infecto, de recreos para viejos.
La quietud de la sombra de una estatua y es el pensamiento estático
Mecido por los dogmas de los legos, viejas cuevas, cuentas de viejas.
Tus ideales se sostienen en un viejo bastón doblado por tu incoherencia.
Roto porte de caballo desbocado, de necio encumbrado hacia ningún lugar.
















