El suspiro de Céfiro ha crucificado la dignidad en una flor de plástico,
Aroma de gasolina, ruedas en el pozo de los deseos buscando amor
Una pasión, ajena a tus huesos, artríticos sentimientos, reflexiones infantiles,
Circense en un caballo, desnuda montura, desnuda jinetera
Serpenteante flujo de sangre goteando muerte desde sus venas
Dulcinea del Toboso, alquimista, posee la esencia para convertir la pena en odio
El perfume de la asesina, doblega voluntades en un reinado hecho distopía
Degenerada esencia del odio, en un frasco con esencia a venganza.
Lanzas lágrimas a un vaso que escapa de tu beso, en una botella sin mensaje
En un buzón sin correo, en una psique vacía, rebosando pena, triste condena.
Llagas de inquina en un grito, tsunami de narcóticos es tu lecho
Trashumante pastor sin rebaño y cien cencerros.
Mártires desbocados, cuerpo preso por sus venas, atado a unas riendas
Oprimido potro de condena a peregrina consciencia, relativa camisa.
Oportuna, apropiado descontento, deudora del oficio,
Acreedora del trapecista, tropieza con un enredo de lana sin rebaño,
De pastores sin rebaño y cien cencerros.
















