Las pirámides de las montañas tejen tronos de cristal
Reflejo de barbas largas, en los cantos de las rocas
Senderos de mimbre, fiebre arqueada,
En los abrazos del artesano nacen estelas infinitas
Espejos de pieles marchitas, perdidas simientes
Sueñan con renacer en una niña
ver florecer una sonrisa en unos labios
Dibujando utopías en sus susurros
Destino eterno para sus marañas,
Las antropófagas del olvido han salpicado el éter
de pestilente petróleo
Donde los sueños se cosían con manos de artesanos
Hay un árbol pintor con los brazos de una estrella fugaz
Con sus alas robadas las ruedas dentadas
Muerden las nubes, ruedan las vidas
Lluvia de paradigmas, síntomas de carcoma capitalista
Cien fuegos de vida atados a un haz de luz
Una rama mecida en el viento de unas manos
tejiendo los recuerdos.
Mármol de ramas regadas en los abrazos de una silla curvada
Mecida en el susurro de unas manos contándole una cesta
De mimbre un enjambre de lazos cosidos al tiempo.
















