Las psiques de enajenadas
brotan alegría,
al intuir un cadáver deshecho
Obra su odio, grandes retratos
Escondidas en minas de diamantes,
Anhelan minúsculas manos
Azules camisas para saludar a la romana
Esposar un convenio enamorado,
¿Contra qué lucháis?
¿Contra quién lucháis?
Inútil lucha, perdida batalla,
Los besos de los cadalsos,
ahogan al pueblo,
Acaso vuestra merced
Sonríe a los automáticos tronos
Púlpito grotesco de pétalos despechados.
Shocks encabritados,
Legisladores extasiados,
Recias cárceles de injusticia.
Tiene vuestro mentor,
sabor amargo,
viles lacayos,
siervos de la inquina.
Acaso teméis a la verdad,
acaso veros en un espejo
acaso vuestro rostro
os resulta desconocido.
Es vuestro odio, un regalo,
un reflejo de una existencia,
triste y patética, patética y frígida,
frígida inquina,
restos de un horizonte deshecho
sin fin perdidos en pútridos trechos
.
Es la vuestra una batalla perdida,
arrugado odio, compulsivo regalo
de los niños del parquet.
Las chicas de la curva lloran su pena.
Los jueces ahogan la tuerta ley
Con excusas de mil páginas
Nadie puede vencer su tristeza,
subastado su depresión,
masacrando vidas enteras.
Golpeando su frustración
en ébano y marfil
Escupiendo odio,
esculpiendo regueros de inquina.
Destrozando otras vidas, nadie, ¡Nadie!
Esconde su vergüenza,
Haciendo jirones el viento,
¡Nadie! Deshace las mareas
Nadie le dice al viento
Si debe volar
Huyen cobardes , huyen sinecuras ,
De sus legas manos
huyen de un barco a la deriva
Huyen, huyen, huyen
Destrozada, huyen de su vida
Destruida, huyen de su rumbo
Huyen de su vida a la deriva
Huyen de un pecio a la deriva
Cuenta vuestra excelencia
en teñidos ábacos,
Manchados de sangre,
Escriben sus balances con los dedos
bañados en sangre
desposeída.
Libres, creéis ser libres
Es vuestra libertad
Exquisita asesina
De lujo miserable
Y pena estridente.
















