Nacen arrugas en las dunas de los cayos, caos y anarquía de conservadores.
Fotocopiadoras supremacistas, repiten las palabras de los muertos.
Celebran una fiesta de impresoras blancas, eructan las frases de los zombis.
Las hijas de Bush predicen su muerte, esconden su petróleo en barbas largas.
Su odio en turbadores velos, el encantador de perros dirige una orquesta.
Toca en su fiesta de té y calaveras, el réquiem de los derechos.
Friedman desde el cielo de los liberales privatiza la moral, vende acciones de Dios.
Le excomulga la curia, ¿ Quién puede, salvo romana vender el cielo a pedazos?
Languidece en un rojo infierno, carbonizado por sus deudas.
El sindicato del crimen canta narcocorridos, a su mesías.
Pútrido espejo, desolado, neoliberales esperan su venida, en las bolsas, rezan, al mesías.
Moribundo espacio de té abrasador, de liberales encogidos, desprecio compulsivo
















