Las horas se caen y las manecillas apuntan al Norte,
Apuntalan tus ojos viejos, grietas en los barrotes,
Cárceles de arenisca en desiertas conciencias,
Nunca hubo nadie, ¿Verdad?, que te amase sin condición,
Nunca hubo nadie, ¿no es cierto?
Jamás un ángel tuvo unas alas de papel,
Ni llevó frac, aún cuando no volaba, el día de tu entierro.
Los días pasan, los años caen y las campanas tocan al Sur.
Clavan anillos dorados en sus arcos, no tiemblan los puentes, no sienten
Suben ríos, fiebre, te desmayas, no, no hay medicina para tu dolor.
No hay tiempo que te pueda librar de tu odio, si eres incapaz de amar.
Porque nunca hubo nadie, ¿verdad? Nunca hubo nadie que amase tus defectos.
Jamás los sentimientos pudieron ser copiados,
Quizás interpretados, quizás imitados, quizás,
¡Quizás! Cada rosa, nazca y muera, pero el rosal prevalece,
Tenedlo seguro en primavera dará nuevas flores.
















