La repudiada senda del abrigo de pieles susurra en su oído una leyenda de burros.
Los burros rebuznan en un estomago enamorado de la envidia hija de la ambición.
Lanzan coces, los cocidos cerebros de las hijas del lamento pegado de hiel.
Es larga y vacía la mente obtusa del angulo repudiado en una esquina vendida.
Las baldosas se asquean cuando las recorren las babosas gordas y arrastradas de futilidad.
Vanagloria para la montura desmontada del tallo de una rosa que llora su ausenia.
Breve latido el del rayo quemado de una nube que llora tu ausencia.
Efímero espasmo el de la tormenta temerosa en su soledad.
















