Gemidos envidiosos, de la encelada canina mordiendo los sueños
Pesadilla de una garganta corrompida, esculpiendo su miedo tras
una oquedad, un hueco para su maldad, la madriguera vomito su deseo,
la lobera regurgito su odio, aulló su destino en una alcantarilla con hedor a
decepción. Con el amargo sabor, de los cristales reflejando todos sus males.
La triste figura, petulante idiota, creyó ser linda resulto ser horrenda,
Creyó tener un don, resulto ser un talento miserable, ladrón,
Sucias, mediocres palabras, vertedero de injurias, sus sueños calumnias.
Incapaces de emocionar, inútiles, vanas, vacuas, para evacuar su insoportable hedor.
En un iglesia clavada de odio, deshecho de la inteligencia.
El intelecto la repudio por imposible, imposición de estupidez,
escondida, taimada dalia sin flor ni amor, carnívora, maloliente flor alucinada,
flotando en un la nada, nadando en la sangre de los desposeídos.
Tétrica educación, patética, blanca y sucia ética, jardín de espinas parlantes,
clavando su aroma en una espada doblada de injurias, inquina, insoportable
intrínseco arsénico, secos labios, estremecida luna,
de las hijas de esperpento, buscan una oquedad, para esconder su maldad,
Buscaban una caja para guardar las apariencias de una rama muerta con brotes
asesinos, con labios corrompidos, contra el muro de una vida, ardides para sus triste candiles,
depresión para su alegría una soga para sus zapatos, una trampa para soltarse,
un barranco para escalar, una fosa para los deshechos anhelos
de una dalia, taimada dalia, sin flor ni amor, carnívora, maloliente flor alucinada,
flotando en un la nada, nadando en la sangre de los desposeídos.
















