Elegir los pasos lejos de su repudiado aseo
Decidir cómo acabar con el fuego del infierno, con su boca infesta.
Hastiado en el vació intenso de una necia mecida en la sombra de su lamento
Clavando su esperpéntica espina, izando el pavor como bandera,
Pudorosa voz, sadomasoquista es la fascista.
Crema rancia para un sexo seco de vulgaridad.
Hallando una llave para un cofre lleno siempre de su blanca,
estúpida mediocridad, corrompida inquina.
Llagas de terremotos en su sexo muerto,
muerte para dar trabajo al verdugo.
Duros yugos, para contentar a los enriquecidos besugos,
Duelos entre especuladores terroristas empecinados en destruir el mundo
Por contaminar los cuerpos por aborregar los rebaños de virus infectos,
Portales deshechos, para unas vidas maltrechas,
Los perros ladran su libertad encadenada en el lupanar de
esquinas redondeadas de rotar sobre su esclavitud.
Aristas con fascistas perpetrando homicidios, roja sangre.
Tendida en un diván de cuero roto, de pieles desechas,
de voces maltrechas, perchas colgadas en un armario.
Escondiendo su triste tosquedad, tosiendo su lamento.
Carriles de hiel, tráfico emboscado.
Nubes de un tiempo encarcelado.
















