Parece ser que tener espíritu crítico sobre ciertos temas, es ser un «contra todo». Me van a disculpar pero están incurriendo en un clamoroso error. Asentir sin pensar, sin razonar, sin evaluar repitiendo el discurso del partido que más simpatía les despierta, o el credo de esta religión o aquella, si que conlleva un notable peligro, y resulta contraproducente dado que les otorgan a sus ídolos un poder supremo para hacer cuanto les salga de las narices y saber que por muy intolerable que resulte van a tener a millones a su lado. Evaluar los actos de los políticos y de los estados con perspectiva, en mi caso comunista. Es más bien estar a favor de una sociedad más justa, más igualitaria y más madura. En la que importen las personas y sus necesidades, en la cual los intereses públicos se antepongan a los empresariales o financieros. Un estado sin lacras heredadas del antiguo régimen (que era una brutal dictadura militar), con una constitución (hasta hace cuatro días inamovible) viva, que evolucione a partir de los cambios sociales no de los intereses financieros. Sin imposiciones por decreto contra nuestros derechos, una democracia participativa, en la cual estén representadas las diferentes ideologías con un modelo de gobierno capaz de aglutinar, con una ley de financiación que limite las “donaciones” por parte de lobbies o entidades financieras dedicadas a la filantropía como el BBVA o el SANTANDER.
Por otra parte, hay sectores del tejido del estado en los que el derroche más nauseabundo, la corrupción, el amiguismo, la desidia y el clientelismo son comportamientos inherentes a la naturaleza de las mismas instituciones, generando unos gastos inútiles asumidos por las arcas de las administraciones. Claro está, moverles el sillón y hacer caer semejante entramado de corruptelas es una ardua tarea ya que se han perpetuado en el tiempo desde el comienzo de la dictadura sobreviviendo a una transición y a la actual monarquía parlamentaria. Pero hoy la minoría la representan ellos, gran parte de la sociedad se ha levantado contra la estafa salvaje y el descarado robo de la oligarquía gobernante. Ahora toca mantenerse despierto y no permitir que la política siga representado una suerte de engaños y vacuas promesas. Seguir movilizados y negarse a que una situación económica desastrosa originada por el neoliberalismo se resuelva por los neoliberales que no hace falta ser muy listo para darse cuenta de que en la ecuación algo falla. Renegar de las falsas soluciones de quienes han creado el problema y no permitir que el estado del bienestar se vaya por el retrete de los dividendos.
















