En el éter maltrechas sombras juegan a ser grito y angustia, desgarran vida, como quien deshoja una flor, impasibles ante el dolor, con la sensibilidad de una piedra, inconscientes, impasibles arruinan vida, matan insensibles, esperpentos decadentes, monstruos repugnantes.
Mientras con mis manos, con mi alma desnuda describo amaneceres eso empeñado en sumirme en la mas triste oscuridad. Eso repugnante, eso ególatra, eso la peor de los narcisistas. He de volverme ciego, sordo y mudo, ocultarme con una venda se hagan las palabras mudas no sean leídas y clamen un estrado habitado de legos, cobardes, volubles, caprichosa muerte, a voluntad lloras lágrimas mentirosas, a voluntad destruyes la belleza para sumir al mundo en tu tristísima vida, de engendros, de pesaroso esperpento, apesadumbrada pena.
Se haga la respuesta muda, se haga la verdad líquida, gaseosa, sea su patética mentira realidad, rehagamos los sentidos no se escuche, no se vea, no se oiga y que sea sólo su triste mentira realidad.
Dorados escombros, lustre. De vuestra insigne gloria Existencia, presa de su ego. Su ego atado a un abismo del que cuelga una soga de la que quisierais verme colgar, duele leer tu regalo. Monstruo.
Un abismo, callado de ego, Reverbera un adjetivo, luchando, por ser arma, de quién otorgo. Al oro bondad y justicia, justicia y verdad. Eso repugnante, eso bien pagado odio, eso asqueroso eso el peor de los idiotas, eso la peor de las inanes.
Construiría una escuela para enseñaros a amar, amar, si supieseis amar. Amar, si supieseis. AMAR, como odiar si tendieseis la mano como construís el cadalso, empeñados en odiar.
Sois tan aburridos.
Confusión en la calle y no tienen casa ni amparo para esconder su odio, caricaturas grotescas, criaturas neonatos recién deshechos en su trono de hiel de la más triste amargura, crece cruel ajenjo, veneno de patéticas criaturas.
Todos jueces supremos. Todos, reverbera, pueril soberbia, soberbia, infantil soberbia, viejos niñatos. Todos jueces supremos. Todos supremos idiotas, refulgente soberbia, cara soberbia, bien pagada. Provocan, ruines, petrificado amor. Piensan, mediocres, pobres psiques vacías, sueñan, nimios. Todos jueces supremos, todos verdad y razón, todos ecos de otros, todas juezas supremas todas supremas idiotas.
Proyectar una monocromática, fantasía. Con sus inseguridades, ideario, contra su limitada capacidad reflejan su patético odio, destruir, por ser, aniquilar por aparentar, cualquier excusa, indigesta de ego, destruir por ser. Revientan, detonan, explotan, explotan, detonan, revientan, ondas, valles de ego, ego, ego. Esclavo de su eco, cínico eco mentiroso eco, enfangan con cínico odio, eco de la sinrazón, cínico abismo. Subastado odio, regalado odio, a voluntad odias, a voluntad matas monstruo.
Bien pagado odio revientan, detonan, embarrando nuestras vidas con su sádico, rencor, ¡Sádicos! falaces, esclavos de un pretexto, copiado de una excusa, bien pagada excusa, execrable excusa, grotescos, idolatras portan su dorada excusa como propaganda de su patético intento por aparentar ser personas. Eso la de los mil nombres, eso repugnante, eso asqueroso. Brota incapacidad, en esa maltrecha sombra.
En ese juego de sombras, amargura, codicia, frustración, frustración, hiel, odio y no rías y no te alegres, que no te vean que no me vean reír que no me vean, que no me vean…
Magníficos, excelsos, estúpidos esos sicarios despreciables y grotescos.
Todos jueces supremos todos supremos idiotas
Construiría una escuela para enseñaros a amar, amar, si supieseis amar como odiar.
















