Los días pasaban con el tedio y el agobio entrañable y añorado, el resto del año, acompañados de los malditos villancicos dando una tabarra indolente que a mi me deja prácticamente inconsciente. Adornos en forma de corona funeraria y las campanadas matando el año, muérdago y demás matojos, regalos rotos antes de tiempo, angélicos anunciando la última oferta del supermercado y demás historias navideñas.
Mentiras retroalimentadas por mequetrefes que desbordan ignorancia mientras le sonríen a sus inventadas vidas pues no soportan su triste realidad. El árbol con cien adornos colgados y una estrella roja en la copa, Dios nace muerto, Dios no existe, Dios no nace, Dios no muere, Dios eternamente hipotético, Dios muerto antes de nacer, Dios pueden ser tres o trescientos, porque es una ilusión, Dios nace muere, se crucifica en tus miedos, vuestro Dios es un sacerdote pendido del cielo diciendo sandeces, dice adiós pero antes grita que regala una horca que ya no la necesita, se ahoga y su voz se vuelve ronca ahora parece Sabina el muy sibilino. Dios es tu diezmo, Dios necesita dinero para ser infinito, Dios necesita madera para hacerte arden en su fuego eterno, Dios no nace, porque no muere, porque no existe.
Desechos, amargura arrastrada en unos pasos que dejan un rastro de estragos y escombros y su rostro que muestra la llagas de su arraigado odio, rezan entre dientes oraciones que parecen maldiciones. Extendiendo estupideces a borbotones.
¿Cuántas veces tiemblan sus manos antes de poder sujetar sus mentiras?,
¿cuántas veces late su corazón antes de sentir algo?
Ladran escondidas, mientras preparan una estafa para atrapar al escapista que mira confundido en un rincón de la última zona libre del último bar, los caballeros de la triste figura tiran de sus cadenas con las que guían a sus fantásticas fantasmas, demasiadas bombillas para su escasa luz, para su miserrima misa.
Se reúnen en la arenas del gato, tienden su esterilla, toman el sol con un flexo y llenan su cuerpo de uvas que han sobrado de nochevieja, desbordando inteligencia a raudales, talan el árbol de navidad para buscar su regalo. Cansin@s como el conejo de las pilas, siguen y siguen, duran y duran, l@s conej@s de pascua tienen a sus fantasmicas en ascuas y al otro todo su rollo le empieza a dar bastante asco mientras escucha la misma jodida canción de
Richard Ashcroft.
Realizan un concilio intentando decidir quien será su próxima victima y hacen planes para su próxima farsa, me fascina como son capaces de meter sus narices hasta por debajo de las puertas, ejecutando un ejercicio de contorsionismo digno del mejor circo, husmeando, rebuscando vete a saber que, demostrando sus considerables actitudes caninas, más pendientes, l@s muy pedantes, de tus pasos que de su aseo, apestan. No tienen vida ni saben que es vivir, los caballeros, las damas de la triste figura, echando redes para ver que cogen y que joden.
Su vida pasa, su rencor crece, rezuman odio como único consuelo para su triste existencia, pobres neci@s.
Hablan, amenazan. Dicen, mienten. Gritan,tocan la gaita y este instrumento me parece de lo más apropiado para est@s insufribles orates.
















