Esa noche termine en un hotel inmundo con vistas a una hermosa carretera nacional, mejor esto que perder el carné pensé. Luego tuve una vida entera para arrepentirme porque todo cuanto sucedió esa noche turbaría mis sueños durante una larga temporada. Cuando estaba a punto de dormir escuche unos terribles gritos que procedían del pasillo, con sigilo midiendo cada gesto abrí la puerta, recorrí los pasos desde mi habitación hasta los alaridos, cerciorándome de mi soledad me acerque entre la tenue iluminación de los focos de emergencia. Era la habitación veintiocho, colgaba el cartel de no molestar, podían haber empezado ellos por no molestar, los alaridos cada vez eran más fuertes me hicieron retroceder un paso, y de repente todo ceso. Al tocar la puerta note que estaba ardiendo. Otra vez tomé un poco de distancia, ahora se escuchaba una sierra cortando al compás de un violón no pude mas me agache y mire por el hueco de la cerradura. Entonces la vi algo parecido a una mujer desmembrando una pierna y sorbiendo una sopa de uñas, mientras un esperpento similar a un hombre, no lo podría asegurar, tocaba el violón subido en una banqueta. Un escalofrío recorrió toda mi espalda, pero esa cara me resultaba familiar, llevaba el pelo enmarañado y parecía tener tantos brazos como una araña, una lunática otoñal arremetiendo contra un Romeo estacional, se relamía la caníbal, estaba untada desde los tobillos hasta la cabeza de un extraño polvo blanco, frotaba los brazos del cadáver sobre su sexo mientras decía: – mmm conejo con romero y Romeo,- le destripaba le sacaba las vísceras y se las comía lentamente mientras reía a carcajadas la lunática otoñal, entrepierna sedienta de sangre y la maniática echando vinagre, primero se lo introducía en la boca y luego lo escupía encima de su desafortunado amante, el violinista que seguía tocando, sólo paraba para acariciarse sus genitales pues parecía excitarle sobremanera tan repugnante escena, conejos hirviendo entrepierna sedienta de sangre y la tipa hecha un vinagre, mientras regaban la habitación de risas que parecían provenir del mismo infierno, en el fondo tenían un campingas a todo potencia para cocinar los miembros del desafortunado Romeo del que iba quedando poco, en un instante un resplandor que me ciega una explosión y todo salta por los aires, salgo despedido y despierto, pero al hacerlo corro hacia el pasillo y me quedo inmóvil al ver un hilo rojo de sangre por debajo de la puerta de la habitación veintiocho, de un salto me pegue contra la pared y entonces corrí tanto como pude para salir del hotel, llame a la policía pero al regresar ya no quedaba nada ni sangre ni manchas nada sólo la recepcionista chupándose los labios pintados de carmín rojo.
















